No, Alvaro también podía ser muy persistente... como en su insistencia en casarse con ella, lo que había enfurecido a toda la familia Jimenez.
—Delicia... —la voz del otro lado del teléfono era reprimida, profunda y llena de una intensa decepción y desesperación.
La desesperación era lo más evidente.
Delicia, impaciente, preguntó:
—¿Qué quieres?
—¡Sal ahora mismo!
Delicia se quedó sin palabras por un momento.
—¡Estoy en la entrada de Bahía de las Palmeras!
En ese instante, la mente de Delicia z