En un estado de confusión y sin importar quién estaba al otro lado del teléfono, Delicia contestó con un simple:
—¿Hola?
—Delicia, Alvaro está borracho y no hace más que gritar tu nombre. ¿Podrías venir a buscarlo a Móyīn? —se escuchó la voz de Diego desde el otro lado.
Delicia se despertó completamente en ese momento.
Frotándose los ojos y con una expresión de confusión, respondió:
—¡Te has equivocado! ¡Deja de llamarme!
Sin esperar a que Diego dijera nada más, colgó el teléfono. ¿Alvaro borr