James se queda paralizado, con una sonrisa tonta en su rostro, sintiendo a los bebés moverse en el vientre de Lara. Ella lo mira mientras él tiene la mano en su barriga, y ambos se quedan ahí, en ese momento mágico, como si nada más importara en el mundo, excepto ese único instante.
— ¡Guau! Son muy fuertes, ¿verdad? Mira cómo se están moviendo. Parecen incluso futbolistas. — James dice en éxtasis.
— Oye, ni siquiera sabes si serán niños. ¿Y si fueran tres niñas? El médico dijo que dos son del