Lizzie
Ni siquiera sé por qué estoy llorando realmente. Voy de camino hacia mi casa en un taxi y las lágrimas no paran de salir de mis ojos como si hubiese perdido algo importante.
Me limpio los ojos con el dorso de la mano, mientras el conductor me da una mirada condescendiente a través del espejo retrovisor.
No puedo creer que Stefan me dijese todas esas cosas. Debí saber que para él no soy más que un contrato, una chica desafortunada de la que se aprovechó para cumplirle los caprichos de r