Lizzie
Quizá empezar el viaje estando borracha hasta la médula no sea la mejor idea, pero no pude evitar beberme todo lo que encontré. Necesitaba apagar mi cerebro, no solo por estar en un avión a miles de metros de altura, sino también para no pensar más en toda la locura que acabo de hacer.
Stefan me mira con ojos de reproche mientras me ayuda a bajar del avión y yo me tambaleo de un lado a otro.
—No debiste hacer eso Lizzie —regaña.
—Ay, deja de ser tan amargado pastelito, vamos, tú también