Punto de vista de Nadia
El aire estaba espeso de humo, polvo y el olor metálico de la tensión, y cada paso que daba se sentía como avanzar por arenas movedizas, lastrado por el miedo y la anticipación. La mano de Adrian seguía firme alrededor de la mía, anclándome incluso mientras mi pulso corría desbocado; su presencia era un recordatorio constante de que no estaba sola en esto, aunque el peligro que presionaba desde todos lados era asfixiante. Las sombras se retorcían a lo largo de las parede