Punto de vista de Nadia
El vehículo se deslizaba por las calles secundarias como un fantasma, con las luces apagadas y el motor ronroneando bajo. Mi brazo izquierdo ardía donde la bala me había rozado, pero la presencia mantenía un bloqueo suave del dolor, solo lo suficiente para que pudiera pensar con claridad. Adrian presionaba un trozo de tela contra la herida, sus ojos llenos de preocupación.
"¿Estás segura de que no es grave?" preguntó por tercera vez.
"Sí," respondí, apretando su mano. "E