Punto de vista de Nadia
La plaza de la fuente rota se sentía como el último rincón del mundo donde el tiempo aún dudaba en avanzar. La estatua del ángel sin alas se erguía en el centro como un juez mudo, su piedra agrietada y cubierta de musgo oscuro, con el agua estancada en la pila formando un espejo negro que reflejaba la luna partida en fragmentos irregulares. Alrededor, los edificios viejos formaban un círculo imperfecto, sus fachadas desconchadas y ventanas tapiadas mirando hacia nosotros