Punto de vista de Nadia
La ciudad nunca se había sentido tan viva, tan cargada de posibilidades y peligros al mismo tiempo. Cada sombra parecía observar, cada parpadeo de movimiento una amenaza potencial —o una oportunidad. No caminaba por las calles a ciegas. Me movía con deliberación, con precisión, cada paso una afirmación calculada de que estaba presente, de que era poderosa y de que ya no era un peón en el juego de nadie.
Adrian me seguía ligeramente atrás, su presencia un constante calmado en el caos que había aprendido a navegar. Elena se mantenía más cerca, su mano rozando la mía de vez en cuando, anclándome en un mundo que podía inclinarse hacia el caos con facilidad. Y Damien… bueno, él se mantenía en mi visión periférica, silencioso pero inflexible, observando, calculando, probando. Sus ojos nunca se apartaban de mí, como si esperara el momento en que flaqueara.
Pero no flaquearía. No esa noche. Nunca.
El plan era simple en teoría, letal en ejecución. Iba a consolidar influ