Punto de vista de Nadia
La habitación olía a lluvia y tensión, pesado y afilado, como si el aire mismo contuviera la respiración, esperando que Damien diera el primer paso. Mis dedos seguían entrelazados con los de Adrian, el toque breve anclándome como si dijera: estamos juntos, estamos listos, pero ni siquiera su presencia podía ahuyentar el escalofrío que bajaba por mi columna. La sonrisa de Damien era pura confianza, un borde peligroso que me retorcía el estómago, y sin embargo me negué a d