Dejo el papel sobre mis muslos y miro a mi esposo, quien me observa con una sonrisa en los labios. Levanto las cejas y tomo la hoja de nuevo.
— ¿Por qué nuestro contrato vino con nosotros? — Pregunto, confundida por su intención. Noah deja de jugar con un mechón de mi cabello y lo coloca detrás de mi oreja, dándome un beso en el cuello.
— Porque quise que fuera otro regalo, pero esta vez, para ambos. — Responde, poniendo su mano sobre la mía, que sostiene el contrato. Nuestros ojos se fijan en