Después de jugar con los niños, llegó la hora del almuerzo. Decidimos comer al aire libre, ya que los niños estaban encantados con el enorme jardín de sus abuelos.
—Querida, nos dijo Darius que regresarías por trabajo —comentó Victoria, curiosa.
—Así es, la empresa en la que trabajo está encargada de construir el hotel que tanto desea Darius —respondí, mientras él me miraba con una sonrisa.
—¿Trabajas? —dijo Darius con una sonrisa burlona—. Hablas como si fueras una simple empleada y no la acci