Darius seguía provocando en mí las mismas sensaciones que hace cinco años. Mi corazón amenazaba con salirse de su lugar, y sentía miles de mariposas en el estómago, igual que el día anterior cuando, en mi oficina, me dijo que me amaba.
Jamás me había dicho que me amaba, y escuchar esas palabras de su boca me emocionaba, pero mi mente no dejaba de recordarme el engaño de Darius.
Tenía que poner mi dignidad por encima de lo que me dictaba el corazón; él había jugado conmigo sin importarle mis se