Matthew
Al limpiarme el cuello me lo toqué ligeramente en donde sentía cierta molestia y me quejé maldiciendo por lo bajo. El maldito logró hacerme cierto daño, a pesar de su edad tenía fuerza aún en esas manos. Mirando con odio el cuerpo en el suelo no pude sentir lástima como deseaba. Tan solo cerré los ojos y hablé con algo de incomodidad aclarando la garganta.
—¡Alan!
—Diga usted, señor.
—Vamos hacia el bosque, mi mujer está allá adentro, totalmente perdida, necesitamos hallarla cuanto ante