El bosque estaba en calma después de la batalla, pero la tensión en el aire era innegable. Emma y los demás habían logrado rescatar a los prisioneros, pero sabían que Marcus no se quedaría quieto tras lo ocurrido.
El grupo avanzó entre los árboles, agotados pero alerta. Diego iba al frente, con su postura rígida y su mirada oscura. Emma podía sentir la furia contenida en su cuerpo, el instinto protector de su Alfa al máximo.
Cuando finalmente cruzaron los límites del territorio de la manad