El bosque estaba en calma, pero Diego sentía en su interior que algo no estaba bien. Desde que comenzaron a entrenar a Emma, su instinto de Alfa le advertía que no estaban solos.
Había algo en el aire, un olor tenue, una presencia que parecía deslizarse entre los árboles como una sombra.
Y ahora, después de que Emma regresara a su cabaña agotada por el entrenamiento, Diego patrullaba los límites del territorio con Jack y Edward.
—¿Lo sientes? —preguntó Jack en voz baja mientras caminaban