Alice despertó, estiró la mano hacia el otro lado de la cama y frunció el ceño al sentir las sábanas frías. Thomas no estaba. Se incorporó despacio, aún somnolienta, y miró alrededor de la habitación como esperando verlo salir del baño o del vestidor, pero todo estaba en silencio.
Se puso la bata ligera que había dejado sobre la silla y salió al pasillo. Recorrió la planta alta sin encontrarlo, decidió entonces bajar.
Lo encontró en el comedor, sentado frente a la mesa con una taza de café en