Natasha apenas tuvo tiempo de reaccionar y se giró de espaldas para ocultar su rostro.
Del otro lado, una mano detuvo el movimiento.
—Disculpe señor, pero no puede ingresar —dijo la enfermera con firmeza, sujetándolo del brazo—. En este momento le están colocando el tratamiento al paciente.
Charles giró el rostro con brusquedad y apartó su mano con un gesto violento.
—No me toque —replicó, visiblemente molesto.
Se inclinó levemente hacia la ventanilla y miró al interior de la habitación.