Alice bajó las escaleras hacia la entrada, apenas escuchó el coche detenerse frente a la mansión.
Necesitaba saber que había ocurrido en el juzgado. En el instante en que la puerta se abrió, la expresión en el rostro de su padre lo dijo todo.
—¿Cómo te fue? ¿Qué pasó? —preguntó acercándose a él.
—¿Qué, qué pasó? —escupió—. Que la maldita gorda mandó a impugnar el testamento.
Alice frunció el ceño, sin comprender.
—¿De qué estás hablando?
—¡Apareció otro testamento! —exclamó, golpeando c