El cansancio del día terminó por vencerme. Sin darme cuenta, me quedé dormida con la televisión encendida,.
No sé cuánto tiempo pasó, pero en plena madrugada, abrí los ojos. El resplandor de la luz de la pantalla seguía encendida me pegó e los ojos. Parpadeé un par de veces, desorientada, hasta que me incorporé lentamente y tomé el control para apagarla. La oscuridad invadió la habitación de inmediato, dejándome sola con mis pensamientos.
Suspiré ansiosa. Miré hacia la mesa de noche, tomé e