Capítulo 412
Horas depois, Adam estava no carro, as mãos firmes no volante, o maxilar travado. O automóvel cruzava avenidas largas e silenciosas de Filadélfia, mas dentro dele, tudo era barulho. Pensamentos fervilhando, raiva latejando sob a pele e uma urgência feroz de colocar fim àquilo que vinha corroendo sua
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