Maximiliano bajó corriendo luego de cambiarse de traje, entró a la cocina, a prisa, y besó la cabeza de su madre y la mano de su sobrina, a quien le prometió en un susurro que la protegería y la traería de vuelta a casa, porque era su familia.
—¿Qué hiciste, Max? —preguntó Maximina, aterrada, tomando la mano de su hijo, que le sonrió y de nuevo besó su cabeza.
—Ven a comer conmigo —pidió el hombre—, te mandaré la dirección más tarde.
Maximina se quedó temblando, de miedo y de impotencia, y lueg