—¿Cómo estás? —preguntó Maximina a Marisa por el teléfono, con la voz ahogada y el corazón destrozado; y todo fue peor cuando escuchó a su querida Marisa llorar del otro lado de la línea.
—Perdón —dijo la joven entre hipidos—, es que no puedo... esto es muy doloroso... lo siento.
—Está bien —aseguró la mayor, llorando también—, está bien llorar cuando duele, porque así podremos curar un poco el dolor, por eso, llora, mi niña, y cura tu corazón para que puedas, al rato, volver a respirar, ponert