Maximiliano, que ya estaba perdiendo la paciencia con cada acción de esa mujer, se enfureció mucho más cuando la joven intentó besarlo luego de colgarse a su cuello, así que sacó el rostro de su alcance, haciendo que los labios de la joven se pegaran a su barbilla, y la tomó de ambas manos, alejándola de él y dando un par de pasos hasta acorralarla contra la pared, con los brazos de ella, que sostenía por las muñecas, extendidos al cielo.
—Ni siquiera lo vuelvas a intentar —amenazó el hombre c