Olga, a diferencia de Julissa, era una mujer agradable con la que daba gusto platicar, pues incluso su tono y timbre de voz eran disfrutables, pero, definitivamente, lo mejor de ella era la manera en que siempre estaba sonriente; aunque todo era una vil mentira.
Y, aun con lo mucho que le agradaba esa azabache, Marisa se sentía mal a su lado; y es que Olga no solo estaba generándole un profundo miedo a perder a Mía, sino que también le estaba generando todo tipo de inseguridades, pues, sin dars