Era muy temprano en la mañana cuando Olga, tan impecable como siempre se veía, entró a la habitación de Julissa y la despertó.
—¿Maia? —preguntó Julissa, con la voz ahogada, pues aún se encontraba medio dormida y muy aterrada.
—Soy Olga, imbécil —declaró la mayor y Julissa no pudo dejar de mirarla por lo mucho que se parecía a su hermana mayor con el cabello sin alisar y esa media cola que se había peinado, además, Olga olía completamente a lo que Julissa recordaba que olía Maia—. Esto es para