—Buenas noches —saludó Marisa, sintiendo como si estuviera caminando hacia el paredón, pues no había manera de subir a la habitación sin pasar por donde todos estaban, al parecer, saliendo a cenar, y acercarse a ellos sería tan doloroso como morir.
—Buenas noches —respondió Julissa, sonriéndole tan cínicamente que las ganas de llorar volvieron a Marisa, pero ella solo agachó la mirada y sonrió con sorna por lo patética que era la situación y lo patética que se sentía.
—Estamos yendo a cenar —in