48 - No le temo a la muerte.
La mañana llegó, y cuando abro los ojos, lo primero que veo es a mi jefe, vistiéndose despreocupadamente, observándome. Esa sonrisa traviesa que siempre hay en sus labios, me encanta.
Me acomodo sobre el colchón, para disfrutar mejor de la vista.
—Siempre sonríes.
—¿Quieres que deje de hacerlo? —Niego—. ¿Entonces?
—Solo que…, siempre te veo tan serio con los demás. Gruñes a todo quien se cruce en tu camino. Eres muy prepotente.
—No pienso cambiar con ellos. Solo tengo esta faceta relajada con u