CAPÍTULO 22, PARTE 2
Lagrimas silenciosas caían de mi rostro, me dolía que estuviera pensando que me había acostado con esos hombres. ¡No entendía la razón por la que lo decían! Cada palabra suya era una flecha hirviendo a mi corazón.
—¡Te juro que no lo hice!
—Dime una razón por la que tengo que hacer a un lado todos esos comentarios y afirmaciones…dímela —susurró lo último, era una súplica.
—¿No basta con que yo te diga que no es así?
—Van cuatro hombres, en una semana serán ¿siete? ¿en un m