— ¿Quieres un poquito de manzana? —la pequeña Ellen hace aquella pregunta mientras tiene sus mejillas llenas de la fruta — está muy dulce — enfatiza comiendo un poco de la manzana picada en su tazón.
— Estoy muy segura de que es así, pequeña — responde con dulzura, después de todo, la niña no tiene culpa de todo aquello — pero no puedo comer manzanas.
— ¿No te gustan? — pregunta con inocencia mientras ladea su cabeza con suavidad. — Te prometo que saben bien.
— Estoy segura de que debe saber