Los hombres que fueron a recogernos al aeropuerto, sacaron nuestro equipaje del vehículo, entramos en la casa, quedándome sin habla de lo bonita que era por dentro, José nos hizo acompañarlo hasta una gran terraza que había al fondo de la casa, donde se podía ver una preciosa piscina, acercándose a nosotros dos mujeres una jovencita y una señora mayor con el pelo blanco.
— Catalina y rosalinda les acompañarán a sus habitaciones, yo les espero en el jardín — nos dijo José
Acompañamos a las dos