Anna estaba sola en su habitación, preocupada por Laura. Le entristecía ver cómo una chica tan joven estaba dejando que su vida se desmoronara.
Hasta ese momento, Anna siempre había pensado que las personas ricas no tenían problemas. Creía que el dinero era la solución para todo, pero ahora se daba cuenta de que estaba equivocada.
¡Hasta los ricos lloran!
—Tendré que convencerla. No puedo quedarme de brazos cruzados mientras destruye su vida. —murmuró para sí misma.
Unos golpes en la puerta int