Bastián
Bastián observaba el ajetreo a su alrededor. El jardín del hospital estaba lleno de niños corriendo en todas direcciones, con pequeñas batas blancas que les colgaban casi hasta los tobillos. Las risas infantiles y los murmullos de los médicos que los guiaban llenaban el aire, creando una mezcla caótica de voces. Para muchos, aquello parecía un juego, una alegre fantasía de ser médicos por un día. Pero para él, cada sonido y cada movimiento