Enrique
Izel regresó, y yo debería estar al lado de ella. Sin embargo, me encuentro sentado en la sala de mi casa, tomando un poco de café mientras mi madre habla en voz animada sobre mi próxima boda, y lo felices que Carolina y yo seremos en nuestro matrimonio. No cabe duda que mi madre puede ser tierna y simpática cuando quiere. Yo, no puedo.
En dos días Carolina y yo contraeremos matrimonio aquí, en la casa. Habrá una ceremonia en el jardín techado que hay al fondo, y luego la recepción se