Santos
Me sentía feliz, el padre tenía razón, ¿por qué alejarla cuando podía sanar y enfrentarme a mi pasado con ella a mi lado?
—Serás mi esposa pulguita. —sonreí mientras caminaba los pasillos para llegar a la sala de abordaje.
El vuelo no tuvo contratiempo, llegué a Bucaramanga, tomé el taxi, iban a ser las siete, ¿qué dirá Adriana cuando me vea? Desde la muerte de mis padres, la casa quinta que tenían la vendieron y cada una de mis hermanas ya casadas vivían en apartamentos en buenos barrio