La lógica retorcida de Fernando le revolvió el estómago a Lucía. El narcisismo de ese hombre no tenía límites; era incapaz de verse como el villano, incluso en su propia historia. Él creía ser el arquitecto del destino de ella.
— ¿Agradecerte? —Lucía sintió que la ira fría se convertía en fuego—. Lo