CAPÍTULO 306
Thiago finalmente golpeó la puerta con los nudillos, un par de toques suaves, y pasó al interior sin esperar a que le dieran permiso.
Sofía estaba sentada en un amplio sillón orejero de cuero junto a la chimenea apagada. Tenía las piernas cruzadas bajo ella y sostenía un pesado libro de