CAPÍTULO 274
Mateo, sentado en el sofá de cuero con el teléfono en la mano, intentaba inútilmente comunicarse con su hermana, con Thiago o con Alexander, pero las líneas parecían saturadas o ignoradas en medio del caos.
El reloj de pie del vestíbulo dio un cuarto de hora.
Mateo levantó la vista. Ha