CAPÍTULO 17
La noche, lejos de terminar, parecía tener una reserva inagotable de sorpresas tóxicas guardada bajo la manga para Alexander y Lucía.
Cuando Lucía salió del baño de damas, sentía que el vestido rojo, que horas antes había sido su armadura, ahora le pesaba como una cota de malla de plomo.