CAPÍTULO 180
Mateo de la Vega mantenía la mirada fija en la puerta de la habitación de su hermana.
Su corazón latía con un ritmo pesado y constante. Había prometido esperar.
Finalmente, el suave clic del pestillo rompió la quietud. La puerta de la habitación de Sofía se abrió lentamente.
Samanta sal