CAPÍTULO 198
Llegaron al callejón detrás del Club Velvet cerca de la medianoche.
El lugar estaba desierto. No había luces, no había guardias. Solo el zumbido sordo de los extractores de aire del edificio y la oscuridad que se tragaba cualquier rastro de vida.
— ¡Mateo! —gritó Sofía, corriendo hacia