— Mmm. Quizás funcione —refunfuñó—. Pero tengo hambre. Y esa enfermera dice que tengo que esperar a la cena.
— ¿Ya almorzó? —preguntó Lucía.
— No quiso comer nada —acusó Matilde—. Dice que la comida de hospital le quitó el apetito.
Lucía sonrió.
— Sabe una cosa, Augusto... tómese esa pastilla ahora