La llamada llegó a las dos y diecisiete de la tarde del martes mientras Samir estaba sentado en la oficina de su abogado discutiendo estrategias de defensa para los posibles cargos criminales que la fiscalía estaba considerando presentar contra él. El teléfono vibró en su bolsillo con insistencia que hizo que el abogado pausara a mitad de frase, frunciendo el ceño ante la interrupción.
Samir miró la pantalla. Número desconocido. Normalmente habría dejado que fuera a buzón de voz, pero algo —alg