—Juliet… ¡Juliet!
La voz de Dora atravesó la tormenta en mi mente.
—¿Q-qué? —respondí, con la voz temblorosa mientras intentaba recomponerme.
—¿Qué te pasa? Te ves perdida. ¿Me oíste, verdad? —Sonrió con brillo, como si estuviera dando la mejor noticia del mundo.
Forcé a mis labios a curvarse hacia arriba.
—Sí… te oí. —Las palabras sonaron huecas, incluso para mí—. Felicidades a ti y al señor Vincent.
Sabían a vidrios rotos en mi garganta.
Su sonrisa se amplió.
—Espero que puedas hacer tiempo p