Capítulo 29
El quirófano olía a hierro y a polvo viejo.
Las respiraciones del paciente llegaban en susurros finos y entrecortados.
Cuatro rifles permanecían apuntando a la espalda de Vincent.
El único sonido constante era el débil pitido del monitor —cada uno un conteo regresivo del que no podía escapar.
Habían pasado diez minutos desde que desapareció detrás de esa puerta.
Diez minutos que se estiraron en siglos.
Paseaba por el pasillo de afuera, mordiéndome la piel alrededor de la uña del pul