Corrí tras ella, acelerando el paso mientras el pasillo se extendía entre nosotras como una herida que se abría.
—¡Dora… Dora!
Mi voz se quebró a pesar de todos mis esfuerzos por mantenerla firme.
¿Por qué la estoy persiguiendo?
¿Por qué siento que mi pecho está a punto de explotar?
Me obligué a dar un paso más. Tragué el nudo en mi garganta.
—Espera… por favor —susurré, casi esperando que no me oyera.
Ella se detuvo.
Se giró lentamente.
Su mirada se posó en mí —fría, indescifrable.
Luego la so