Con esa última sombra del pasado definitivamente disipada, Emma y Luca comenzaron a experimentar una etapa de sus vidas caracterizada por una libertad emocional genuina que jamás habían imaginado posible durante aquellos primeros meses tan turbulentos de su relación. Ya no sentían la necesidad constante de defenderse ante prejuicios externos, ni de justificar continuamente la autenticidad de su amor frente a comentarios maliciosos o miradas críticas que, en algún momento, habían generado tanto