La noticia de que Emma había avanzado exitosamente hacia la ronda final del Concurso Nacional de Gastronomía Argentina se difundió con rapidez por todo el circuito profesional, generando una mezcla de admiración genuina entre quienes habían presenciado su resolución creativa durante la crisis del horno defectuoso, y un escepticismo renovado entre aquellos sectores más conservadores del ámbito gastronómico que todavía consideraban su participación como una intromisión inapropiada de alguien sin