—Nikolay, sé que terminaré muriendo pronto, mis días y mis horas están contadas. —comentó sonriendo mientras se dirigía a mí. —Te agradezco que hayas aliviado el dolor en el alma de Ivonne y que la hayas convertido en una mujer fuerte. Nunca la vuelvas a abandonar, hermano. —comentó provocando que cierta confusión se apoderase de mi ser.
—¿Hermano? —pregunté sonriendo irónicamente. —Tú y yo jamás podríamos ser hermanos, cabrón. No nos parecemos en nada. —agregué en medio de una carcajada.
—Mi p