Nyla permaneció en su escritorio hasta después de las seis de la tarde. El departamento de Investigación y Desarrollo estaba casi vacío para ese entonces.
De repente, su teléfono vibró sobre la superficie del escritorio. En la pantalla, el identificador de llamadas mostró el nombre de Clark.
Nyla la observó durante varios segundos antes de contestar.
—Hola, estoy abajo, en tu oficina —dijo Clark. Su voz sonaba áspera, como si hubiera estado hablando todo el día—. Dicen que estará haciendo fr